Como MÉDICO DEL CORAZÓN, INSISTO a los mayores a tomar esta vitamina que destapa las venas.

Si hay algo que me duele como médico del corazón, es ver cómo mis pacientes mayores llegan a la consulta con las piernas hinchadas, el tobillo morado, el pie frío y una resignación que duele más que la propia enfermedad. Me dicen: "Doctor, es la edad". Y yo les respondo: no, no es solo la edad. Es la falta de algo muy sencillo, muy barato y que casi nadie toma en serio: la vitamina E.

Llevo treinta años viendo placas de ateroma, arterias calcificadas y venas que parecen cordones retorcidos. Y les aseguro algo: la circulación sanguínea perfecta no se logra solo con pastillas caras o intervenciones quirúrgicas. Se logra, en gran medida, devolviendo a la sangre lo que el tiempo le ha quitado. La vitamina E es ese elemento olvidado. Actúa como un afinador natural de las venas: reduce la agregación plaquetaria (es decir, evita que la sangre se vuelva tan pegajosa), mejora la flexibilidad de los vasos y, lo más importante, combate la inflamación silenciosa que va endureciendo las arterias año tras año.

Pero ojo, no estoy hablando de cualquier presentación. La vitamina E sintética de farmacia no es la misma que la natural. Si un paciente mayor me pregunta qué hacer, le digo que empiece por incorporar alimentos como las almendras crudas, las semillas de girasol, el aceite de oliva virgen extra de primera presión en frío, las espinacas frescas y el aguacate. Una cucharada de aceite de oliva en ayunas y un puñado pequeño de almendras a media tarde pueden hacer más por sus venas que muchos anticoagulantes mal indicados.

También hay una forma más concentrada: el germen de trigo. Dos cucharaditas espolvoreadas sobre la ensalada o el yogur aportan la dosis diaria recomendada para un adulto mayor. ¿Y los suplementos? Solo si hay déficit comprobado y bajo supervisión, porque la vitamina E en exceso también puede interferir con otros medicamentos.

Lo que más me entristece como cardiólogo es que la información está ahí, al alcance de la mano, y aún así la mayoría la ignora. Siguen bebiendo agua sola, siguen comiendo mal, siguen esperando que una cirugía mágica lo resuelva todo. Y mientras tanto, sus venas se siguen tapando.

Por eso insisto, una y otra vez, a todos mis pacientes mayores: tomen vitamina E. No es un consejo alternativo. Es medicina básica. Destapar las venas no es un lujo: es cuestión de vida. Y empieza en su cocina, no en el quirófano.

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