Las hojas de laurel ayudan a aliviar la laberintitis, el tinnitus y el mareo.

Esa hoja seca que casi siempre terminas retirando del plato de sopa sin darle importancia es, en realidad, uno de los secretos mejor guardados de la medicina casera para problemas del oído y el equilibrio. El laurel, esa planta que crece en macetas y jardines sin pedir mucho a cambio, contiene compuestos que pueden marcar la diferencia entre vivir mareado o recuperar la estabilidad.

La laberintitis, ese maldito trastorno que hace que el mundo gire sin control, ocurre cuando la estructura del oído interno se inflama. El tinnitus, por su parte, es ese zumbido molesto que no te deja dormir. Y los mareos, simples o constantes, te roban la confianza para caminar, manejar o incluso levantarte de la cama. Los medicamentos convencionales ayudan, pero suelen venir con efectos secundarios que muchos no pueden tolerar.

Aquí es donde entra el laurel. Sus hojas contienen aceites esenciales como el eugenol y el cineol, potentes antiinflamatorios naturales que actúan directamente sobre los tejidos irritados del oído interno. Además, tienen propiedades vasodilatadoras que mejoran la circulación sanguínea en la zona del laberinto, ese pequeño órgano encargado de decirle a tu cerebro hacia dónde está el suelo. Cuando el laberinto recibe mejor riego sanguíneo, las señales de mareo disminuyen.

La forma más efectiva de usarlo es en infusión. Toma tres hojas de laurel frescas o secas, lávalas bien, colócalas en una taza con agua hirviendo y tapa por diez minutos. Luego retira las hojas, endulza con una cucharadita de miel (que potencia el efecto antiinflamatorio) y bebe lentamente. Lo ideal es tomarla dos veces al día: una por la mañana en ayunas y otra antes de dormir.

Una amiga de mi mamá sufría de laberintitis desde hacía cinco años. Vivía con medicamentos que la dejaban somnolienta y aún así los mareos regresaban cada dos o tres semanas. Un vecino le recomendó la infusión de laurel. Al principio no creyó. Pero después de quince días tomándola religiosamente, los episodios se espaciaron. Al mes, el zumbido en sus oídos era casi imperceptible. A los dos meses, volvió a subir escaleras sin miedo.

El laurel no reemplaza una consulta médica, claro. Pero si has probado de todo y el mareo sigue ahí, quizás sea hora de mirar lo que siempre estuvo frente a ti. Esa hoja que quitabas del plato podría ser justo lo que tu oído interno estaba esperando.

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