El médico más anciano de Japón: Cómo corregir la postura de cabeza adelantada
El doctor Shigeaki Hinohara, célebre médico japonés que vivió más de cien años atendiendo pacientes y escribiendo libros sobre longevidad solía repetir algo curioso: “La juventud no está en la piel, está en la columna”. A sus espaldas encorvadas y su cabeza adelantada los veía todos los días en la consulta. Personas de cuarenta años con posturas de ochenta. Hombres y mujeres que, sin saberlo, cargaban varios kilos extra de peso sobre su cuello solo por mirar el teléfono o trabajar mal sentados.
La postura de cabeza adelantada ocurre cuando las orejas se alinean por delante de los hombros en lugar de estar sobre ellos. Parece un simple detalle estético, pero sus consecuencias van mucho más allá. Esa inclinación hacia adelante multiplica la tensión en las vértebras cervicales, comprime los nervios que salen de la columna —los mismos que irrigan los brazos y la cabeza—, provoca dolores de cuello, mandíbula tensa, hombros redondeados y hasta migrañas crónicas. Además, encoge la caja torácica, dificulta la respiración profunda y, con el paso de los años, acelera el desgaste de los discos intervertebrales.
Hinohara proponía un método simple para corregir este desorden, un método que él mismo practicaba a diario hasta sus últimos años. No requería aparatos costosos ni horas de gimnasio, solo constancia y conciencia corporal. Lo llamaba “la regla de la pared plana”. Se trata de pararse con la espalda pegada a una pared, los talones ligeramente separados, los glúteos tocando el muro y la parte alta de la espalda también apoyada. Luego, sin forzar, intentar que la nuca roce la pared. Si la cabeza queda muy adelantada y no alcanza, el ejercicio consiste en retraer el mentón hacia atrás —como si quisieras hacer doble papada— hasta sentir que toda la columna se alinea. Mantén esa posición dos minutos. Al principio resulta incómodo. Eso significa que los músculos del cuello están débiles por un lado y contracturados por el otro.
El hombre, que con 105 años seguía dando conferencias, insistía en otro consejo: “Cada vez que mires tu teléfono, llévalo a la altura de los ojos. No bajes la cabeza hacia él, sube el teléfono hacia tu mirada”. También recomendaba dormir sin almohada o con una muy baja y firme, para que la columna cervical no se fuerce durante las ocho horas de descanso.
Lo más esperanzador de todo es que la postura se corrige. El cuerpo responde cuando recibe estímulos buenos. Con tres semanas de estos ejercicios diarios, la cabeza empieza a recolocarse sobre los hombros. Los dolores disminuyen. La respiración se hace más libre. El doctor lo resumía así: “El que mantiene su columna joven, mantiene la vida joven”. La cabeza adelantada no es una condena, es un mal hábito. Y los malos hábitos se desaprenden. Solo hay que empezar.