Esta es la vitamina que le falta a tu cuerpo cuando te duelen las piernas
El dolor de piernas es de esos males que pueden volverse crónicos sin que sepamos muy bien por qué. No es una lesión, no hubo un golpe, no has hecho ejercicio en exceso. Y sin embargo, al final del día las pantorrillas duelen, los muslos pesan, los pies hormiguean. A veces el dolor se presenta como calambres nocturnos que te despiertan sobresaltado. Otras veces, es una molestia sorda, constante, que acompaña cada paso. Si esta es tu situación, es muy probable que tu cuerpo esté gritando —a su manera silenciosa— que le falta una vitamina esencial.
No, no es la vitamina C ni la D, aunque ambas son importantes. Hablo de la vitamina E. Sí, esa que solemos asociar con la juventud de la piel y el cabello brillante, pero cuya función principal en el cuerpo es mucho más profunda: es un poderoso antioxidante que protege las membranas de las células, especialmente las de los vasos sanguíneos y las fibras musculares. Cuando los niveles de vitamina E bajan, los glóbulos rojos se vuelven más frágiles, la microcirculación se deteriora, y los músculos de las piernas —que son los que más trabajan para bombear la sangre de regreso al corazón— comienzan a sufrir.
¿Cómo se manifiesta esa deficiencia? Con dolor muscular difuso, con sensación de piernas fatigadas incluso después de una noche de descanso, con calambres frecuentes y con esa molesta hinchazón de tobillos que tantas personas mayores padecen. También aparece una sensación de hormigueo o "alfileres" en los pies, porque los nervios periféricos, mal nutridos por la circulación deficiente, envían señales alteradas.
La vitamina E mejora la circulación sanguínea periférica de dos maneras: dilata los vasos sanguíneos (especialmente los capilares, que son los más pequeños y los primeros en fallar) y evita que las plaquetas se agreguen formando microcoágulos que obstruyen el flujo. En pocas palabras, hace que la sangre fluya más libre y llegue hasta los dedos de los pies.
¿Dónde se encuentra? En alimentos como las semillas de girasol, las almendras, las avellanas, los germen de trigo, las espinacas, el aguacate y los aceites vegetales de primera presión en frío. Un puñado pequeño de almendras al día, o una cucharada de aceite de germen de trigo añadida a una ensalada, pueden marcar una diferencia notable en pocas semanas.
Eso sí, antes de automedicarte con suplementos, consulta a tu médico. La vitamina E en exceso puede interferir con la coagulación si tomas anticoagulantes. Pero si lo que tienes es una carencia leve y olvidada, recuperar niveles normales de esta vitamina puede transformar esa sensación de piernas doloridas y cansadas en alivio real. El cuerpo no duele porque sí: duele porque le falta algo. Quizá esa algo es la vitamina E.