USEN BICARBONATO DE SODIO DE ESTA MANERA y verán cómo desaparecen 13 problemas de salud!
Ese polvo blanco que tienes olvidado en el fondo de la despensa, junto a la harina y el azúcar, es probablemente el remedio más infravalorado de tu cocina. El bicarbonato de sodio no solo sirve para que los pasteles suban o para limpiar el horno. Usado correctamente, puede atacar de raíz más de una docena de problemas de salud que arrastras desde hace años.
¿La manera correcta? No se trata de tragar cucharadas a lo loco. El método efectivo es este: disuelve media cucharadita (unos 2 gramos) en un vaso grande de agua filtrada o tibia. No uses agua caliente porque destruye sus propiedades. Bebe esta mezcla en ayunas, al menos 30 minutos antes de cualquier alimento, y solo dos o tres veces por semana. Nada de tomarlo a diario durante meses porque podrías alterar el pH de tu estómago.
¿Qué 13 problemas mejora este hábito? El bicarbonato equilibra el pH sanguíneo, combate la acidez estomacal crónica y las digestiones pesadas. Reduce el dolor de la gota al alcalinizar la orina y ayudar a eliminar el ácido úrico. Alivia las infecciones urinarias leves porque las bacterias no prosperan en ambientes alcalinos. Disminuye la fatiga muscular después del ejercicio al neutralizar el ácido láctico. Calma la cistitis, las aftas bucales si haces enjuagues, y hasta la comezón de pies por hongos si los remojas en agua con bicarbonato.
Además, tomado así reduce la inflamación general del cuerpo, mejora la salud renal, combate el mal aliento de origen estomacal, alivia la acidez del reflujo, previene los cálculos renales y ayuda a que los medicamentos se absorban mejor si se toman en el momento adecuado (siempre consultando con tu médico).
La clave está en la dosis y la frecuencia. Mucha gente fracasa porque se excede: toman bicarbonato a diario, con las comidas o en grandes cantidades, y terminan con gases, diarrea o un estómago desregulado. Media cucharadita, dos o tres veces a la semana, en ayunas y con agua. Ese es el secreto.
Prueba durante un mes y observa. Es barato, es sencillo y tu cuerpo sabe exactamente qué hacer con él. Solo respeta los tiempos y la medida. Los resultados hablarán por sí solos.