Como cardiólogo, recomiendo a los adultos mayores consultar con su médico sobre las vitaminas
En mi consulta diaria veo algo que me preocupa: adultos mayores que toman vitaminas por cuenta propia, sin saber si las necesitan, en qué dosis o si incluso les están haciendo daño. Caminan a la farmacia, compran lo que les recomendó la vecina o vieron en internet, y toman su cápsula matutina como si fuera un jugo de naranja. Como cardiólogo, mi recomendación es clara: no lo hagan. Consulten con su médico antes.
¿Por qué esta advertencia? Porque las vitaminas no son inocuas. Son sustancias activas que modifican procesos biológicos. En el corazón y los vasos sanguíneos, algunas vitaminas pueden ser beneficiosas si se toman en el momento justo y en la dosis adecuada, pero peligrosas si no.
Pongamos ejemplos concretos. La vitamina K es esencial para la coagulación sanguínea. Un adulto mayor que toma anticoagulantes como warfarina (Coumadin) y además consume suplementos de vitamina K está neutralizando el efecto de su medicación. Eso puede derivar en coágulos peligrosos. He visto pacientes con trombosis por esta razón. No es teoría, es práctica clínica.
La vitamina E en altas dosis puede aumentar el riesgo de hemorragias. Un paciente que toma aspirina o clopidogrel y añade vitamina E por su cuenta tiene más probabilidades de sufrir un sangrado gastrointestinal o incluso una hemorragia cerebral. Lo he visto. No es bonito.
La vitamina D es maravillosa para los huesos, pero en exceso puede elevar los niveles de calcio en sangre y contribuir a la calcificación de las arterias. Justo lo opuesto a lo que queremos en un corazón envejecido.
Entonces, ¿deben los adultos mayores tomar vitaminas? A veces sí. Por ejemplo, la vitamina B12 es frecuentemente baja en personas mayores, especialmente si toman metformina para la diabetes. El ácido fólico puede ser útil para reducir los niveles de homocisteína. La vitamina D con calcio, bajo supervisión, previene fracturas. Pero la dosis, la frecuencia y la duración deben ser decididas por un médico que conozca su historia clínica, sus medicamentos y sus análisis de sangre.
Mi recomendación como cardiólogo es simple: antes de comprar cualquier vitamina, pida a su médico de cabecera o a su cardiólogo que le pida un perfil vitamínico. Es un análisis de sangre sencillo. Con los resultados, sabrán qué falta y qué sobra. Y solo entonces, tomen lo necesario.
No gasten dinero en lo que no necesitan. No arriesguen su salud en lo que puede dañarlos. Las vitaminas son herramientas, no caramelos. Usadas bien, ayudan. Usadas a ciegas, lastiman. Como cardiólogo, he visto ambos extremos. Prefiero que estén en el lado seguro. Consulten. Siempre. Su corazón se lo merece.
En mi consulta diaria veo algo que me preocupa: adultos mayores que toman vitaminas por cuenta propia, sin saber si las necesitan, en qué dosis o si incluso les están haciendo daño. Caminan a la farmacia, compran lo que les recomendó la vecina o vieron en internet, y toman su cápsula matutina como si fuera un jugo de naranja. Como cardiólogo, mi recomendación es clara: no lo hagan. Consulten con su médico antes.
¿Por qué esta advertencia? Porque las vitaminas no son inocuas. Son sustancias activas que modifican procesos biológicos. En el corazón y los vasos sanguíneos, algunas vitaminas pueden ser beneficiosas si se toman en el momento justo y en la dosis adecuada, pero peligrosas si no.
Pongamos ejemplos concretos. La vitamina K es esencial para la coagulación sanguínea. Un adulto mayor que toma anticoagulantes como warfarina (Coumadin) y además consume suplementos de vitamina K está neutralizando el efecto de su medicación. Eso puede derivar en coágulos peligrosos. He visto pacientes con trombosis por esta razón. No es teoría, es práctica clínica.
La vitamina E en altas dosis puede aumentar el riesgo de hemorragias. Un paciente que toma aspirina o clopidogrel y añade vitamina E por su cuenta tiene más probabilidades de sufrir un sangrado gastrointestinal o incluso una hemorragia cerebral. Lo he visto. No es bonito.
La vitamina D es maravillosa para los huesos, pero en exceso puede elevar los niveles de calcio en sangre y contribuir a la calcificación de las arterias. Justo lo opuesto a lo que queremos en un corazón envejecido.
Entonces, ¿deben los adultos mayores tomar vitaminas? A veces sí. Por ejemplo, la vitamina B12 es frecuentemente baja en personas mayores, especialmente si toman metformina para la diabetes. El ácido fólico puede ser útil para reducir los niveles de homocisteína. La vitamina D con calcio, bajo supervisión, previene fracturas. Pero la dosis, la frecuencia y la duración deben ser decididas por un médico que conozca su historia clínica, sus medicamentos y sus análisis de sangre.
Mi recomendación como cardiólogo es simple: antes de comprar cualquier vitamina, pida a su médico de cabecera o a su cardiólogo que le pida un perfil vitamínico. Es un análisis de sangre sencillo. Con los resultados, sabrán qué falta y qué sobra. Y solo entonces, tomen lo necesario.
No gasten dinero en lo que no necesitan. No arriesguen su salud en lo que puede dañarlos. Las vitaminas son herramientas, no caramelos. Usadas bien, ayudan. Usadas a ciegas, lastiman. Como cardiólogo, he visto ambos extremos. Prefiero que estén en el lado seguro. Consulten. Siempre. Su corazón se lo merece.