La hierba medicinal que generaciones han valorado por sus múltiples usos.

Hay plantas que acompañan a la humanidad desde antes de que existieran las farmacias. Una de ellas, silenciosa y humilde, crece en patios, bordes de caminos y macetas olvidadas. No es vistosa, no huele especialmente bien, pero generación tras generación ha sido valorada por sus múltiples usos. Esa hierba es el romero. Y aunque hoy lo usamos más para condimentar carnes que para sanar, nuestras abuelas sabían que en sus hojas verdes se escondía una farmacia entera.

El romero no es una moda pasajera de la medicina natural. Es una de las plantas más estudiadas por la ciencia moderna, y los resultados confirman lo que las abuelas ya sabían por experiencia. Tiene propiedades antiinflamatorias, antioxidantes, antimicrobianas y estimulantes de la circulación. Un solo puñado de hojas puede atacar problemas muy distintos.

¿Para qué sirve? Para mejorar la memoria y la concentración. Varios estudios han demostrado que el simple aroma del romero aumenta el rendimiento cognitivo. Las generaciones mayores lo usaban para "despejar la cabeza" antes de estudiar o trabajar. Hoy la ciencia sabe que sus compuestos inhiben la enzima acetilcolinesterasa, la misma que ataca la memoria en enfermedades como el Alzheimer.

Para aliviar dolores musculares y articulares. Un masaje con aceite de romero en las rodillas o la espalda baja reduce la inflamación y el dolor. Las abuelas preparaban el aceite macerando ramitas de romero en aceite de oliva durante cuarenta días. Luego lo guardaban en frascos oscuros y lo usaban para cada contractura.

Para mejorar la digestión y aliviar los gases. Una infusión de romero después de las comidas pesadas calma el estómago, estimula la producción de bilis y reduce la hinchazón abdominal. Los adultos mayores lo tomaban como "aperitivo" antes del almuerzo.

Para estimular el crecimiento del cabello y combatir la caspa. El romero mejora la microcirculación del cuero cabelludo, llevando nutrientes a los folículos. Un enjuague con agua de romero después del champú deja el cabello más fuerte y con menos caída.

Para fortalecer el sistema inmunológico. El romero es rico en ácido carnósico y rosmarínico, dos antioxidantes que ayudan al cuerpo a defenderse de infecciones. Las abuelas daban té de romero a los nietos al primer síntoma de resfriado.

Prepararlo es sencillo: una ramita de romero fresco (o una cucharadita seco) en una taza de agua hirviendo. Tapar, reposar diez minutos, colar y tomar. Hasta tres tazas al día. Para uso externo, el aceite macerado o simplemente hervir un puñado de hojas y usar el agua para enjuagues o compresas.

Mi bisabuela Mercedes plantó un romero que aún vive en el patio familiar. Más de sesenta años dando hojas, remedios y enseñanzas. Decía que "donde crece el romero, no crecen las enfermedades". Exageraba, claro. Pero no tanto. Porque el romero no cura todo, pero ayuda en mucho. Y eso, para una hierba que no pide nada más que un poco de sol y agua, es un regalo enorme. Las generaciones no se equivocaban. El romero es, sin aspavientos, una de las hierbas medicinales más valiosas que tenemos.

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