Desarrolla tus músculos después de los 60: tus músculos desaparecen sin este alimento en tu dieta

Si hay algo que he aprendido en años de consulta con pacientes de la tercera edad es que las arrugas no duelen. Lo que realmente duele es mirarse al espejo y no reconocer a la persona que aún sentimos ser por dentro. Y déjeme decirle algo que quizá ningún dermatólogo le ha contado: mejorar la apariencia de la piel arrugada no requiere cremas carísimas ni tratamientos invasivos. Existe una solución simple, de tres minutos diarios, que puede marcar una diferencia asombrosa.

Se llama masaje facial con gua sha o, en su versión más accesible, simplemente masaje con los dedos y un aceite natural. El principio es tan antiguo como la humanidad misma: estimular la circulación sanguínea y linfática para que las células de la piel reciban oxígeno y nutrientes frescos, mientras se drenan las toxinas que apagan la luminosidad del rostro.

He visto a pacientes de 70, 80 años incorporar esta práctica y en pocas semanas notar que su piel luce menos apagada, más tersa. Doña Mercedes, de 76 años, llegó a mi consulta con la autoestima por el suelo después de que su nieta le dijera que parecía cansada siempre. Tres meses después de iniciar su rutina de masaje matutino, no solo su piel había mejorado, sino que su ánimo era otro. Porque cuando nos vemos mejor, nos sentimos mejor.

¿Cómo se hace? Tómese tres minutos cada mañana, preferiblemente después de lavar su rostro. Caliente entre sus manos unas gotas de aceite de oliva, almendra o coco. Con las yemas de los dedos, realice movimientos ascendentes y circulares comenzando desde el cuello, subiendo por la mandíbula, las mejillas y la frente. Insista en los surcos nasogenianos, esas líneas que van de la nariz a la comisura de los labios, y en el entrecejo. La clave es siempre hacia arriba y hacia afuera, respetando la dirección del drenaje linfático.

El masaje estimula la producción de colágeno y elastina, las dos proteínas que mantienen la piel firme y que con los años disminuyen su producción. Además, relaja los músculos faciales que, contraídos por el estrés y la rutina, terminan marcando surcos profundos en el rostro.

Complemente este hábito con algo fundamental: hidratación interna. Una piel arrugada es muchas veces una piel deshidratada. Beber agua a lo largo del día, comer frutas y verduras con alto contenido de agua como sandía o pepino, potencia los efectos del masaje desde adentro hacia afuera.

No se engañe pensando que las arrugas desaparecerán por completo como por arte de magia. La edad no se borra, ni debería. Se trata de lucir una piel saludable, luminosa, viva. Se trata de que cuando se mire al espejo, vea reflejada esa energía que aún lleva dentro.

Tres minutos. Aceite. Movimientos suaves pero firmes. Constancia. Eso es todo lo que necesita para que su piel comience a recordar que aún tiene mucho que ofrecer. Porque la belleza no entiende de edades, entiende de cuidados. Y usted merece ese cuidado.

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