Personas mayores: ¡Un remedio contra las arrugas que funciona en solo 2 minutos

Si hay algo que el paso del tiempo nos regala, además de experiencia y sabiduría, son esas pequeñas líneas en el rostro que cuentan nuestra historia. Las arrugas son compañeras naturales del camino, pero eso no significa que no podamos consentir nuestra piel y devolverle algo de esa luz y tersura que tanto nos gusta. En cuestión de cuidados, a veces pensamos que necesitamos cremas caras o tratamientos complicados, pero la realidad es que uno de los secretos mejor guardados está al alcance de nuestra mano, literalmente, y solo requiere de dos minutos al día.

Imaginemos por un momento que nuestra piel es como una tela fina que, si la arrugamos y no la estiramos, termina por marcarse. Lo mismo ocurre con el rostro. Las expresiones cotidianas, las preocupaciones y hasta la forma de dormir van dejando huella en los músculos faciales. Si aprendemos a relajar esos músculos y a activar la circulación, la piel recupera su aspecto más saludable. Por eso, un pequeño masaje facial diario puede convertirse en ese remedio exprés que estábamos buscando.

La propuesta es muy sencilla y puede hacerse mientras vemos la televisión por la mañana o antes de ir a dormir. Se trata de dedicar dos minutos a despertar el rostro con las manos. Podemos empezar aplicando unas gotas de nuestro aceite o crema hidratante favorita para que los dedos resbalen con suavidad. Con las yemas, realizaremos pequeños círculos ascendentes desde el centro del rostro hacia las sienes. Es importante que los movimientos sean suaves pero firmes, como si quisiéramos "levantar" la piel.

En la frente, donde suelen aparecer las líneas de la expresión, podemos deslizar los dedos desde las cejas hacia el nacimiento del cabello, ayudando a distender esa zona. Alrededor de los ojos, esa área tan delicada, daremos pequeños toques con el dedo anular, como si tocáramos un piano, desde el lagrimal hacia las sienes, para reactivar la microcirculación y aliviar la tensión. Para terminar, con el dorso de las manos, podemos deslizar suavemente desde la mandíbula hacia las orejas, descendiendo luego por el cuello, favoreciendo el drenaje y esa sensación de alivio tan placentera.

Este ritual de dos minutos no es magia, pero sus beneficios son muy reales. Al masajear, estamos estimulando la producción de colágeno y elastina, llevando oxígeno y nutrientes a cada célula, y liberando la tensión acumulada que termina por marcar el rostro. La piel se ve más rosada, más firme y, sobre todo, más relajada. Una cara relajada es una cara con menos arrugas. Así que ya lo sabe, con solo dos minutos al día y la yema de sus dedos, puede regalarle a su piel un gesto de cariño que notará y ag

 

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