Mi mamá de 51 años parece de 21 ella se aplicó ésto

Siempre lo he dicho: mi mamá es un misterio andante. Hace unos días fuimos juntas a la farmacia a comprar unas vitaminas y, para nuestra sorpresa, el dependiente le pidió el carnet de identidad cuando quiso pagar con tarjeta. No para corroborar la firma, sino porque, según sus palabras, "los menores de edad no pueden hacer compras grandes sin un adulto". Mi madre, que acaba de cumplir 51 años, soltó una carcajada y yo me quedé en shock. No era la primera vez que alguien le echaba diez o quince años menos, pero ver la cara de incredulidad del chico cuando vio la fecha de nacimiento en su cédula fue priceless.

La gente suele atribuirlo a la genética o a que "le tocó la lotería", pero yo, que vivo con ella, sé que hay algo más. No es solo que tenga buena piel; es que tiene una energía que parece detener el reloj biológico. Hace un par de meses, hartas de que le preguntaran cuál era su "secreto", decidió mostrarme su rutina real. Confieso que esperaba ver una docena de cremas carísimas o el último invento de la tecnología coreana. Pero no. Fue mucho más simple y, a la vez, más revelador.

Ella se levanta y, religiosamente, antes del café, se aplica lo que ella llama "su fórmula". Lejos de ser un producto de laboratorio, es algo que aprendió de una amiga esteticista y que ha perfeccionado con los años: una mascarilla casera de clara de huevo, unas gotas de limón y un toque de gel de aloe vera puro, justo el que saca de una planta enorme que tenemos en el patio. Me explicó que no se trata de magia, sino de constancia. Mientras me contaba esto, batió la mezcla con un tenedor y se la extendió por el rostro con una brocha, como si estuviera pintando un lienzo.

Verla hacerlo fue curioso. No hay misterio cosmético ni filtros de Instagram en esa cocina. Hay una mujer que, desde hace veinte años, dedica diez minutos de su mañana a mimarse con ingredientes que cuestan lo mismo que un chicle. Me hizo pensar que quizás el verdadero secreto no está en el componente químico del limón o en las proteínas del huevo, sino en la disciplina y en ese acto de amor propio diario. Ella dice que no sabe si es por eso que aparenta treinta años menos, pero a mí no me cabe duda. Esa mezcla no solo le cuida la cara; le ha enseñado a vivir con la calma de quien sabe que la belleza, como la receta, es mejor cuando se hace con paciencia y cosas sencillas.

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