Las hojas de laurel son mucho más poderosas que el bótox y el colágeno!

Parece una afirmación exagerada, lo sé. En un mundo donde el bótox cuesta cientos de euros y los suplementos de colágeno se venden como chucherías, decir que unas hojas secas que tienes en la despensa pueden competir con ellos suena casi a herejía. Pero escúchame bien: mi vecina de toda la vida, doña Remedios, tiene 78 años y su rostro parece de 55. Nunca se ha inyectado nada ni ha tomado colágeno hidrolizado. Su secreto está en una infusión y una crema casera que prepara con hojas de laurel. Cuando le preguntan cómo lo hace, sonríe y dice: "El bótox paraliza, el laurel revive".

No estoy diciendo que el laurel reemplace una cirugía o que borre arrugas profundas de un día para otro. Lo que estoy diciendo es que, para el cuidado diario, para prevenir, para mantener la piel firme, luminosa y elástica sin pinchazos ni químicos, el laurel tiene unas propiedades que muchas industrias preferirían que no conocieras.

¿Qué tiene el laurel que no tenga el bótox? El bótox es toxina botulínica. Lo que hace es paralizar temporalmente los músculos para que no se muevan y no se marquen las arrugas de expresión. Pero no nutre, no regenera, no mejora la calidad de la piel. El laurel, en cambio, contiene cineol, un compuesto que estimula la microcirculación en la piel. Más circulación significa más oxígeno, más nutrientes, más renovación celular. La piel respira y se repara sola.

¿Y contra el colágeno? Los suplementos de colágeno son proteínas que el cuerpo tiene que descomponer y absorber, y no siempre llegan a la piel. El laurel contiene ácido ursólico, una sustancia que protege el colágeno que ya tienes y evita que se degrade con la edad. Además, sus taninos tensan la piel de forma natural, como un efecto lifting suave pero sin rigidez.

¿Cómo se usa? Hay dos formas. La primera es bebiendo una infusión de laurel cada mañana: tres hojas secas en una taza de agua hirviendo, tapada diez minutos. Bebes esa agua y notas cómo tu piel se va volviendo más tersa con las semanas. La segunda es aplicándolo directamente: preparas la misma infusión pero más concentrada (cinco o seis hojas), la dejas enfriar y la guardas en un frasco con atomizador. Lo rocías sobre el rostro limpio cada noche como si fuera un tónico. Ni enjuagas ni te seques, dejas que se absorba.

Mi tía abuela, que nunca usó una crema cara en su vida, se lavaba la cara con agua de laurel desde los 60. Se murió a los 92 con una piel que parecía de cera, lisa, sin apenas manchas. Cuando las señoras del barrio le preguntaban por su secreto, ella levantaba una hoja de laurel y decía: "Esto es más poderoso que todo lo que venden en la farmacia".

No te digo que tires tus cremas. Pero antes de gastarte un dineral en bótox o en colágeno de sobre, prueba con el laurel durante dos meses. Es gratis (o casi), no tiene efectos secundarios y lo único que pierdes es un par de minutos al día. Tu piel te lo agradecerá, y tu bolsillo también. La naturaleza, una vez más, ganándole a la química.

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