Semillas de papaya para aliviar el dolor articular: un remedio casero sencillo

Cuando comemos papaya, lo primero que hacemos casi todos es lo mismo: partir la fruta por la mitad, sacar la pulpa con una cuchara y tirar esas bolitas negras y resbaladizas que hay en el centro. Las semillas. Siempre han sido el estorbo, la parte que molesta. Pues resulta que estábamos tirando el tesoro. Mi tío Roberto, de 68 años, lleva una década con las rodillas hechas polvo. Artrosis, le diagnosticaron. Tomaba antiinflamatorios casi a diario, hasta que el estómago empezó a pasarle factura. Un día, en una charla del centro de jubilados, una señora le dijo: "No tires las semillas de la papaya. Sécarlas, tritúralas y tómalas. Te van a ayudar más que las pastillas". Él, que ya no sabía qué hacer, lo probó. Y seis meses después, había reducido los medicamentos a la mitad.

Las semillas de papaya son un pequeño milagro de la naturaleza que la industria farmacéutica prefiere que no conozcas. Contienen una enzima llamada papaína, exactamente la misma que se usa en los digestivos comerciales, pero también presente en las semillas. La papaína tiene un potente efecto antiinflamatorio y analgésico. Además, las semillas son ricas en carpasemina, un compuesto que ha demostrado en estudios preliminares reducir el dolor articular de forma similar a algunos fármacos convencionales, pero sin los efectos secundarios gastrointestinales.

¿Por qué funcionan específicamente para las articulaciones? Porque el dolor articular, ya sea por artrosis, artritis o simple desgaste, tiene un componente inflamatorio importante. La papaína actúa descomponiendo las proteínas que se acumulan en el líquido sinovial y que contribuyen a la rigidez y el dolor. También mejora la circulación local, lo que facilita la llegada de nutrientes al cartílago dañado.

¿Cómo se preparan y se toman? Es muy sencillo, pero hay que hacerlo bien. Cuando compres una papaya, lava bien las semillas para quitarles la pulpa pegajosa. Extiéndelas sobre un papel de cocina y déjalas secar al sol o en un lugar cálido y ventilado durante dos o tres días. Las semillas frescas son amarguísimas y contienen una pequeña cantidad de un compuesto que en grandes dosis puede ser irritante. Al secarlas, ese compuesto se neutraliza parcialmente. Una vez secas, muélelas en un molinillo de café o con un mortero hasta obtener un polvo fino.

La dosis recomendada para empezar es una pizca del tamaño de la punta de un cuchillo (aproximadamente un cuarto de cucharadita) mezclada con un vaso de agua, una cucharada de miel o un yogur. Se toma una vez al día, preferiblemente después de una comida para evitar molestias estomacales. Si después de una semana no notas molestias, puedes aumentar a media cucharadita al día. Nunca más de una cucharadita entera, porque el sabor es muy intenso y puede irritar el estómago.

Mi tío Roberto empezó con poca cantidad, como le recomendaron. A los quince días notó que las rodillas le crujían menos por la mañana. Al mes, podía bajar las escaleras de su casa sin agarrarse a la barandilla con las dos manos. A los tres meses, dejó los antiinflamatorios de forma definitiva. Eso sí, no esperes un alivio inmediato. Este remedio funciona a medio plazo, porque actúa reduciendo la inflamación crónica, no enmascarando el dolor.

Eso sí, ojo con las contraindicaciones. Las semillas de papaya no son recomendables para mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, ni para personas con alergia al látex. Tampoco deben tomarlas quienes tienen problemas graves de hígado o riñón sin consultar antes con un médico. Y por supuesto, este remedio no sustituye un tratamiento médico si el dolor articular es severo o de origen desconocido.

Pero para ese dolor molesto, constante, que no te deja vivir pero que tampoco es una urgencia, las semillas de papaya secas y molidas son un aliado formidable. La próxima vez que comas una papaya, piensa dos veces antes de tirar las semillas. Estás tirando un remedio que podría cambiar tus mañanas.

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