Una taza diaria podría hacer que la sangre fluya nuevamente de manera suave.

Sientes las piernas pesadas, los pies fríos incluso con calcetines, o esa molesta sensación de hormigueo en las manos al despertar? Todos estos son señales de que tu sangre no está circulando con la fluidez que debería. Con el paso de los años, especialmente después de los 50 o 60, los vasos sanguíneos tienden a endurecerse y estrecharse, la sangre se vuelve más espesa y el corazón tiene que trabajar el doble para bombearla hasta las extremidades. Pero existe una bebida sencilla, económica y respaldada por la sabiduría popular y la ciencia moderna que, tomada una taza al día, podría hacer que tu sangre fluya nuevamente de manera suave y natural. Se trata de una infusión de tres ingredientes que probablemente ya tienes en tu cocina: jengibre, cúrcuma y canela.

¿Por qué funciona esta combinación? El jengibre es un vasodilatador natural. Sus compuestos activos (gingeroles y shogaoles) relajan las paredes de las arterias, permitiendo que la sangre pase con mayor facilidad. Además, el jengibre reduce la viscosidad de la sangre, evitando que las plaquetas se peguen entre sí formando pequeños grumos que obstaculizan el flujo.

La cúrcuma, por su parte, es uno de los antiinflamatorios más potentes del mundo vegetal. La inflamación crónica de bajo grado es una de las principales causas del endurecimiento arterial. Al reducir esa inflamación, la cúrcuma devuelve elasticidad a los vasos sanguíneos. Eso sí, para que el cuerpo la absorba correctamente, necesita ir acompañada de pimienta negra y un poco de grasa saludable.

La canela no solo le da un sabor delicioso a esta infusión, sino que también mejora la sensibilidad a la insulina y ayuda a regular los niveles de azúcar en sangre. El azúcar alta daña el revestimiento interno de las arterias, creando pequeñas grietas donde se acumulan las placas que obstruyen el flujo sanguíneo.

Preparar esta taza diaria es muy sencillo. Hierve una taza de agua. Una vez que rompa el hervor, apaga el fuego y añade: un trozo pequeño de jengibre fresco rallado (o media cucharadita de jengibre en polvo), media cucharadita de cúrcuma en polvo, una pizca de pimienta negra (indispensable para activar la cúrcuma) y una ramita de canela o media cucharadita de canela en polvo. Tapa y deja reposar durante 10 minutos. Cuela, añade una cucharadita de miel si lo deseas y bébelo tibio, preferiblemente por la mañana o media hora antes de acostarte.

No esperes resultados mágicos de un día para otro. La circulación mejora gradualmente. Pero muchas personas que adoptan este hábito diario reportan, al cabo de dos o tres semanas, que sus pies ya no están helados al meterse en la cama, que las piernas se sienten más ligeras al caminar y que esa desagradable sensación de hormigueo desaparece.

Eso sí, si tomas anticoagulantes (como warfarina o rivaroxabán) o tienes programada una cirugía, consulta a tu médico antes de incorporar esta infusión, porque el jengibre y la cúrcuma potencian el efecto de esos medicamentos. Para el resto, una taza al día podría ser el empujón que tu sistema circulatorio necesita para volver a fluir con la suavidad de un río, no con la torpeza de un arroyo atascado. Pruébala y tus venas te lo agradecerán.

Subir