Las hojas de laurel podrían mejorar la apariencia de las arrugas y algunos la comparan

El laurel es esa hoja que tiramos al caldo y retiramos antes de servir. Nadie la come, todos la usan solo para aromatizar. Pero las abuelas que saben de belleza natural guardan las hojas de laurel para algo más: la piel. Porque las hojas de laurel, usadas con inteligencia, podrían mejorar la apariencia de las arrugas hasta el punto de que algunas personas las comparan con tratamientos estéticos caros. Sin bisturí, sin agujas, sin cremas de laboratorio.

¿Qué tienen las hojas de laurel? Contienen compuestos fenólicos, flavonoides y aceites esenciales como el eugenol y el cineol. Estas sustancias tienen tres propiedades clave para combatir las arrugas: son antioxidantes (combaten los radicales libres que envejecen la piel), antiinflamatorias (reducen la hinchazón y el enrojecimiento) y estimulantes de la circulación (llevan más sangre y nutrientes a la superficie de la piel).

La forma más efectiva de usarlo para las arrugas es en forma de tónico o de vapor facial. Para el tónico, herví cinco hojas de laurel frescas o secas en una taza de agua durante diez minutos. Dejá enfriar, colá y guardá el líquido en un frasco de vidrio en la nevera. Todas las noches, después de limpiar tu rostro, aplicá este tónico con un algodón sobre las líneas de expresión y las arrugas profundas. No enjuagues. Dejá que se seque solo.

Los resultados no son inmediatos, pero son reales. A las dos semanas, la piel empieza a verse más firme. Las arrugas alrededor de los ojos se notan menos profundas. El surco nasogeniano —esa línea que va de la nariz a la comisura de los labios— se suaviza. No es un estiramiento quirúrgico, claro, pero la textura mejora y el brillo natural regresa.

¿Por qué algunos comparan el laurel con tratamientos caros? Porque el eugenol tiene un ligero efecto tensor sobre la piel. Al aplicarlo, la piel se contrae de forma natural durante unas horas, alisando las arrugas finas de manera similar a como lo hacen ciertos rellenos temporales, pero sin pinchazos ni riesgos.

El vapor de laurel también es poderoso. Herví un puñado de hojas en una olla con agua, retirá del fuego, inclinate sobre el vapor (con cuidado de no quemarte) y cubrite la cabeza con una toalla durante cinco minutos. Esto abre los poros, suaviza las arrugas y mejora la elasticidad de la piel.

Advertencia: el laurel es potente. Hacé una prueba en un trozo pequeño de piel antes de usarlo en todo el rostro. Si tenés piel sensible, diluí el tónico con agua. Y nunca lo apliques cerca de los ojos.

La naturaleza no vende cremas caras, pero regala herramientas poderosas. La hoja de laurel es una de ellas. No es botox, pero bien usada, puede ser la diferencia entre una piel que envejece con gracia y una que se rinde antes de tiempo.

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