El perejil: un remedio sencillo que nuestras abuelas usaban para sanar

Hoy lo vemos como un adorno en el plato. Ese montoncito verde que la mayoría aparta con el tenedor sin comerlo. Pero nuestras abuelas sabían algo que nosotros olvidamos: el perejil no es un decorado. Es una de las hierbas medicinales más completas y subestimadas. Ellas lo usaban para todo: desde calmar el dolor de articulaciones hasta limpiar los riñones y mejorar la digestión. Y no se equivocaban.

El perejil es mucho más que un poco de clorofila. Contiene vitamina C en cantidades sorprendentes (el doble que la naranja, gramo a gramo). También es rico en vitamina K, esencial para la salud ósea y la coagulación sanguínea. Pero lo más valioso son sus compuestos activos: apiol, miristicina y flavonoides como la apigenina. Estas sustancias le dan propiedades diuréticas, antiinflamatorias, antioxidantes y hasta antiespasmódicas.

¿Para qué lo usaban las abuelas? Primero: para limpiar los riñones. El perejil es un diurético natural potente pero suave. Ayuda a eliminar líquidos retenidos y a prevenir las temidas piedras en el riñón. Una infusión de perejil varias veces por semana mantiene el sistema urinario funcionando sin esfuerzo. Segundo: para aliviar dolores menstruales y cólicos. El apiol del perejil relaja la musculatura lisa del útero, reduciendo los calambres. Las abuelas daban té de perejil a las nietas jóvenes que sufrían con la regla.

Tercero: para combatir la anemia. El perejil es rico en hierro de origen vegetal y, gracias a su vitamina C, ese hierro se absorbe mucho mejor. Un puñado de perejil fresco picado sobre la comida diaria puede marcar la diferencia en personas con fatiga por deficiencia de hierro. Cuarto: para reducir la inflamación de articulaciones. Sus flavonoides actúan como antiinflamatorios naturales. Las abuelas hacían cataplasmas de perejil machacado sobre rodillas o manos inflamadas.

Quinto: para refrescar el aliento y limpiar la boca. Masticar perejil fresco después del ajo o la cebolla neutraliza los compuestos sulfurosos que causan el mal aliento. Simple y efectivo.

La forma más común de usarlo es en infusión: un puñado generoso de perejil fresco (tallos incluidos) en una taza de agua hirviendo. Tapar, reposar 10 minutos, colar y tomar. Hasta tres tazas al día. Para problemas de retención de líquidos, dos tazas al día durante una semana. Para la anemia, perejil fresco picado sobre ensaladas, sopas o guisos, sin cocinar (el calor destruye parte de la vitamina C).

Advertencia: el perejil en grandes cantidades puede estimular contracciones uterinas, así que las embarazadas deben evitarlo en dosis medicinales (como condimento no hay problema). También puede interferir con anticoagulantes por su alto contenido de vitamina K.

Mi abuela Catalina tenía un perejil siempre fresco en una maceta junto a la cocina. "De esto no te arrepentirás", decía mientras picaba un puñado para añadirlo a la sopa. Tenía razón. El perejil no es un adorno. Es un remedio sencillo, barato y poderoso que nuestras abuelas nunca dejaron de usar. Recuperemos esa sabiduría. La naturaleza escribió respuestas en hojas verdes que ignoramos. El perejil es una de ellas.

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