Esta es la vitamina que le falta a tu cuerpo cuando te duelen las piernas y los huesos.
En mis treinta años de consulta cardiológica, he visto pacientes llegar con el corazón agotado, las piernas hinchadas, la presión descontrolada. Y siempre pregunto lo mismo: "¿Qué vitaminas toma?". La mayoría me mira con cara de extrañeza. Algunos toman multivitamínicos genéricos. Otros, nada. Pero hay una vitamina que, como cardiólogo, recomiendo encarecidamente a todas las personas mayores que pasan por mi consulta. Esa vitamina es la vitamina B12.
No es la más popular. No es la vitamina C de moda ni la vitamina D que todos mencionan. Es la vitamina B12, la gran olvidada, y su deficiencia en adultos mayores es mucho más común de lo que creemos. Las consecuencias para el corazón y el sistema circulatorio son graves, y lo peor es que muchos médicos no la detectan a tiempo.
¿Por qué es tan importante la B12 para el corazón? Porque regula los niveles de homocisteína. La homocisteína es un aminoácido que, cuando se acumula en la sangre, daña las paredes de las arterias, promueve la formación de coágulos y aumenta el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular. Una homocisteína elevada es un factor de riesgo cardiovascular independiente, tan importante como el colesterol alto. Y la única forma de mantenerla bajo control es con suficientes niveles de vitamina B12 (junto con ácido fólico y B6).
Pero hay otro problema: después de los 60, la capacidad de absorber la vitamina B12 de los alimentos disminuye drásticamente. La B12 está en carnes, huevos y lácteos, pero el estómago del adulto mayor produce menos ácido clorhídrico y menos factor intrínseco, la proteína que permite absorber la B12. Puedes comer carne todos los días y igual tener deficiencia. Por eso, como cardiólogo, recomiendo suplementos, no confiar solo en la dieta.
¿Qué más hace la B12? Protege los nervios que controlan el corazón y la circulación. La deficiencia de B12 causa neuropatía periférica, que se manifiesta como hormigueo en pies y manos, pérdida de equilibrio y debilidad muscular. En el corazón, esto se traduce en una menor capacidad de regular la frecuencia cardíaca y la presión arterial. También produce anemia megaloblástica, donde los glóbulos rojos son grandes y frágiles, transportan menos oxígeno y cansan el corazón, que tiene que bombear más veces para llevar el mismo oxígeno.
La dosis que recomiendo en mi consulta: 1000 microgramos diarios de cianocobalamina o metilcobalamina (las dos formas funcionan). En comprimidos sublinguales o en gotas, porque la absorción sublingual evita el problema del estómago envejecido. Para personas con deficiencia severa o con problemas neurológicos, a veces recomiendo inyecciones mensuales.
He visto cambios notables en mis pacientes. Don Miguel, 74 años, llegó con fatiga extrema, hormigueo en las piernas y presión inestable. Sus niveles de B12 eran de 150 pg/ml (lo normal es arriba de 400). Le receté 1000 mcg sublinguales al día. A los dos meses, el hormigueo había desaparecido. A los cuatro, su presión se estabilizó. "Doctor, tengo más energía que a los 60", me dijo.
Advertencia: antes de empezar a tomar B12, háganse un análisis de sangre. No es caro. Si sus niveles están normales, no necesitan suplemento. Si están bajos, como cardiólogo les recomiendo encarecidamente que lo corrijan. Su corazón y sus nervios se lo van a agradecer. La B12 no es una vitamina cualquiera. Para el adulto mayor, puede ser la diferencia entre una vejez activa y una vejez limitada. Tómenlo en serio.